Cuando el niño/a
juega, es un instante mágico casi sagrado donde está entrando en contacto
consigo mismo/a, y ejecuta habilidades internas que pone en práctica sin
darse cuenta. A través del juego, realiza un auto-descubrimiento de las
distintas facetas de su ser, que ya trae de serie.
Hablamos del juego
en solitario, el creado por uno mismo, donde el niño/a en libertad utiliza toda
su imaginación para jugar y crear.
A veces, incluso
habla solo/a o se inventa personajes que se hablan unos a otros, asignándoles
roles y normas de funcionamiento, etc.
El niño/a crea de
la nada un gran repertorio, y entra en estado de “Flow”, queda atrapado en una
burbuja espacio-temporal de plena presencia, donde nada ni nadie le puede
influenciar negativamente ni dañar.
Entonces, podríamos
decir que el juego no solo le ayuda a descubrir quién es él o ella
verdaderamente, qué habilidades trae innatas, cómo son su carácter y sus
anhelos legítimos; sino que además, actúa como protección psicológica frente al
entorno que le rodea, convirtiéndose en un cauce seguro para liberar tensiones
y manifestar deseos.
Durante el juego,
el niño/a ensaya: La libertad, la expansión, la creación, la voluntad, el amor,
etc. Múltiples facetas, habilidades y virtudes, que luego aplicará en la vida
adulta. También practica la relación consigo mismo/a y la plena presencia; un
recurso muy importante y saludable, que de adultos descuidamos.
El niño o niña, se
fortalece con el juego. El juego por tanto es iniciático y sanador.
El
adulto/a debería jugar también de vez en cuando, porque durante
dicha actividad, uno se distiende, se ríe, libera emociones, etc. Y no estoy
hablando de los juegos de mesa ni de los video-juegos… Estoy hablando de hacer
ejercicios como el de la “línea temporal de vida”, la visualización creativa,
la meditación, la respiración, etc.
Ejercicios tales
como, situarse en una situación pasada o futura, para ver “cómo se siente allí”
con todo lujo de detalles, y extraer información valiosa desde ahí.
Otro ejercicio
puede ser por ejemplo: Establecer un diálogo con el niño/a interior, o con
el/la adolescente que fuimos… (Nos sorprenderíamos del resultado y de la
información que extraeríamos de ahí).
Es decir: el juego
imaginativo no es solo exclusivo del niño/a, también puede ser una herramienta
muy útil para el adulto/a formal, cuando logra extrapolar el yo presente, a
otra línea de tiempo pasada (quién fuiste, cómo sentías y eras en aquel momento
a determinada edad...,etc.); extraer y sentir las habilidades y virtudes de
aquella época (expresadas de modo tan natural y auténtico, sin
condicionamientos), y aplicarlas en el presente actual, como si de una
transfusión energética e informativa se tratase.
AHORA, TE PROPONGO
LA SIGUIENTE PRÁCTICA:
Ponte cómodo/a y
cierra los ojos. Respira profundamente tres veces, suelta la tensión corporal y
regresa a un momento del pasado, donde jugabas tú solo/a sentado en el suelo de
tu cuarto infantil, con todos tus juguetes desparramados y a mano, listos
para crear y soñar libremente, e inventarte juegos, situaciones, personajes y
argumentos genuinos y únicos, inventados por ti.
Esa línea de tiempo
donde eras 100% tú mismo, donde el mundo aún no te había influenciado,
programado o dañado. Donde eras genuino y auténtico, siendo libre de expresar,
lo que llevabas dentro.
Siente a ese niño/a
que has olvidado y abandonado, pues te puede ayudar a observar quién eres
realmente, y caer en cuenta de cuál es aquella cualidad innata que tú traías de
serie… Un don muy natural en ti, que brota de modo espontáneo y que te ayuda en
la vida del día a día sin ni siquiera darte cuenta.
Pregúntate:
1) ¿Qué es aquello
que se te da bien desde siempre, que no tienes ni que pensar cuando lo haces,
que lo disfrutas plenamente y que te lleva a estados de "Flow": Plena
presencia, donde te quedas tan absorto en la tarea que realizas, Y el tiempo
pasa tan deprisa que ni te das cuenta?
2) ¿Qué parte de tu
potencial, se ha derramado por el camino?
* * *
(Por Maiga Gómez, 8-02-26)

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